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‘El convite de los animales’

‘El convite de los animales’

Un libro de Jorge Velosa que nos cuestiona sobre el trato que le damos a la fauna y vida silvestre.

19 de marzo 2021 , 09:25 p. m.

Llegamos, este 20 invernal, / al puente de San José, / inmersos en bien y en mal, / entre desazón y fe.

Una pequeña se llevó el viento, / de azules ojos, niña mía, / de dos añitos, lo siento, / te esperamos, Sara Sofía.

Dos enemigos de la guerra, / la que tantas muertos puso, / narran su crimen que aterra, / son Timochenko y Mancuso.

El Gobierno ya amenaza, / con la reforma que asedia, / que nos trepa la canasta / y clava la clase media.

No solo a este estrato, / alega el escarabajo, / sino que pagan el pato / los que sufren más abajo.

Vamos rimando, y podría seguir entre la prosa y el verso, que es como hoy converso, pues tengo la rima a flor de labio, ya que acabo de leer uno de los más bellos e ingeniosos libros que he leído, y que llega, precisamente, como una bendición, un bálsamo para estos tiempos de depresiones y noticias tristes.

Es un aporte en la defensa del medio ambiente; un libro para recitarlo, para contarlo y cantarlo, para filmarlo, estudiarlo y enseñar, que debe estar en todos los colegios y bibliotecas.

Se trata de El convite de los animales, editado por editorial Monigote y escrito por Jorge Velosa Ruiz, un orgullo de mi país –sigo rimando–. Es un libro útil, divertido e ingenioso y que describirles quiero, como dijo el carpintero.

El convite de los animales es un diálogo en verso de cabo a rabo, le decía una ardilla al pavo; es romance, copla, quintilla, sextilla, décima, seguidilla, trova sencilla, que maravilla, pero es, también, un poema cantado, con estrofas inspiradas y profundas: “Al árbol de la alegría / una hoja se le cayó, / pero que alguien escuchó / que en el suelo ella decía: por jortuna todavía / tiene muchas como yo”.

Se trata de una obra extraordinaria, cuando más necesitamos acercarnos al campo, y que Velosa maduró por años, entre muchas cucharitas, ordeños a la Pirinola, o visitas a la Julia, Julia de su amor, es decir, “la mitad de la vida”. Un libro caminado, entre vereda y vereda, “buenos días, campesinos, buenos días”, donde él recoge como joyas preciosas los saberes, las tradiciones y los dichos del alma popular.

El libro, bellamente ilustrado por Soma Difusa, que creo es de Susa, es un viaje increíble para oír al campo que Velosa tanto quiere, divulga y defiende guacharaca en mano, y ahora pluma en mano. Y una pluma respetable.

Es una obra en lengua campesina, auténtica, esa que no debe morir jamás. Es la voz de nuestro campo, / como yo quero contales, / es un llamado muy franco, / en reunión de animales. Más de cien especies salieron / a la vera de un camino, / que lo divulgara pidieron, / al genial Juan Toberllino. Que debe ser el mismo Velosa, Caballero Andante, un Quijote criollo, a pata y sin Rocinante.

Él, a quien se le debe un homenaje nacional por su invaluable aporte a la música y la cultura, es un sociólogo de ruana y sombrero, un estudioso de la música y de las tradiciones orales, de las costumbres, de la jerga popular. Y las que no se sabe se las inventa, pues aquí hay palabras nuevas.

Fue un acierto brillante haberle dado voz a nuestra naturaleza, donde los animales expresan sus orgullos, sus penas, su visión, su entorno. Y es también una crítica al país, a la sociedad, donde hay tanto ‘Mordazo’, como aquel que inquieta a las demás especies. Esta es una obra que enseña, crea conciencia ecológica, nos hace sentir orgullosos, pero a la vez nos cuestiona cómo acabamos con nuestra tierra, con nuestra fauna y con la vida. Y es un aporte extraordinario en la defensa del medio ambiente; un libro para recitarlo, para contarlo y cantarlo, para filmarlo, estudiarlo y enseñar, que debe estar en todos los colegios y bibliotecas.

Una mirla con nueva pinta / le decía a la mariposa: / la tierra sería distinta / con más seres como Velosa.

Y después del libro leer / me quedé echando cabeza / por qué no un convite hacer / pa’ salvar la naturaleza. Gracias, maestro.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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